01 agosto 2021

 

Diciembre en Tallin

                                                            (A Víctor Hugo Vélez, 13 de diciembre 2019)

 

Es el invierno y no es el frío…es la penumbra que domina las horas.

Los dedos que de cerca se asemejan algo torpes vuelan alados para develar el sonido.

La madera se rinde con la fogosidad de una amante que se deja acariciar para transformarse.

Ella, la madera, piensa que está en manos de un mago.

Vos… devaneas realista en la alquimia desvelada del estudio con la vara del trabajo,

mientras la pócima esforzada del empeño repite su desvelo concentrada en soledad.

Ella, la soledad, es una compañera consecuente que anidó con audacia sin permiso de instalarse

y se acomoda a tu lado prometiendo quedarse callada…

vos… cómplice…le hacés un espacio.

A veces el diminuto cepillo va una y otra vez…monótono pero conciente…

aliviana la madera y también el alma ,y una viruta cae planeando al abismo como aquella cometa que no remontaba.

Ella, la viruta, tal vez quisiera tener alas para permanecer ilusionada flotando…

vos… la descartás como a las decepciones y se lleva una lámina de tu angustia.

Ahora el pincel acaramela una superficie, capa tras capa…y cada trazo es una ilusión, un proyecto, un recuerdo.

y la madera se prolonga y mimetiza tu corazón que adquiere silueta de violín en el hueco de tu pecho

Èl, tu corazón, tiene graves melancólicos y en su devenir… vibra en diferentes tesituras

Algunos días el arco raspa con furia y otros se desliza con ternura

vos…te hamacás en el vaivén de las cerdas suspirando resina.

Un nuevo instrumento avanza y es un tramo de vida… ¿en qué vibración imaginarte para que sea cierta?

Es imposible ahorrar tormentas y la madeja de la duda se teje en el sedoso azul de la inconciencia.

La prueba de una nota tras la clave de la incertidumbre sostenida es un desenlace ocre y la tarde se hace ácida.

Un deseo es un fantasma silencioso que lucha con la ira metafísica de no volverse una impotencia irónica

El diminuto cepillo nunca retrocede…

a veces la decisión es cruel y se adentra en el silencio apartado y atroz de lo inútil

pero es certero pensar en lo necesario

y esa certeza se adentra en la oscuridad solitaria donde debate los riesgos el espacio.

No necesito cerrar los ojos para imaginarte… te tengo dibujado en movimiento

Puedo sobrevolarte a la distancia… puedo bilocarme cada vez que te acerques al banco de trabajo

Pero no puedo más que ser un hálito invisible… un pensamiento constante acompañándote

Y no pido más que arrinconarme en tu corazón para iluminar el camino

Que lejanos los remolinos de aquel diciembre en Barcelona y cuantos diciembres por delante

El crecimiento es una necesidad del espíritu y te vas diplomando al elevarte

La huella esquiva el surco y el invierno se hace trabajoso… pero eso también se hará recuerdo

Hay otros senderos por delante que se van diseñando con algunos borrones y el presentimiento de algún renunciamiento

pero aún detrás de la neblina relumbra febo persistente y empeñado en nuevos e interminables destinos

y allí también espío en el espacio.

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