Diciembre
en Tallin
(A Víctor Hugo Vélez, 13 de diciembre 2019)
Es
el invierno y no es el frío…es la penumbra que domina las horas.
Los
dedos que de cerca se asemejan algo torpes vuelan alados para develar el
sonido.
La
madera se rinde con la fogosidad de una amante que se deja acariciar para
transformarse.
Ella,
la madera, piensa que está en manos de un mago.
Vos…
devaneas realista en la alquimia desvelada del estudio con la vara del trabajo,
mientras
la pócima esforzada del empeño repite su desvelo concentrada en soledad.
Ella,
la soledad, es una compañera consecuente que anidó con audacia sin permiso de
instalarse
y
se acomoda a tu lado prometiendo quedarse callada…
vos…
cómplice…le hacés un espacio.
A
veces el diminuto cepillo va una y otra vez…monótono pero conciente…
aliviana
la madera y también el alma ,y una viruta cae planeando al abismo como aquella
cometa que no remontaba.
Ella,
la viruta, tal vez quisiera tener alas para permanecer ilusionada flotando…
vos…
la descartás como a las decepciones y se lleva una lámina de tu angustia.
Ahora
el pincel acaramela una superficie, capa tras capa…y cada trazo es una ilusión,
un proyecto, un recuerdo.
y
la madera se prolonga y mimetiza tu corazón que adquiere silueta de violín en
el hueco de tu pecho
Èl,
tu corazón, tiene graves melancólicos y en su devenir… vibra en diferentes
tesituras
Algunos
días el arco raspa con furia y otros se desliza con ternura
vos…te
hamacás en el vaivén de las cerdas suspirando resina.
Un
nuevo instrumento avanza y es un tramo de vida… ¿en qué vibración imaginarte
para que sea cierta?
Es
imposible ahorrar tormentas y la madeja de la duda se teje en el sedoso azul de
la inconciencia.
La
prueba de una nota tras la clave de la incertidumbre sostenida es un desenlace
ocre y la tarde se hace ácida.
Un
deseo es un fantasma silencioso que lucha con la ira metafísica de no volverse
una impotencia irónica
El
diminuto cepillo nunca retrocede…
a
veces la decisión es cruel y se adentra en el silencio apartado y atroz de lo
inútil
pero
es certero pensar en lo necesario
y
esa certeza se adentra en la oscuridad solitaria donde debate los riesgos el
espacio.
No
necesito cerrar los ojos para imaginarte… te tengo dibujado en movimiento
Puedo
sobrevolarte a la distancia… puedo bilocarme cada vez que te acerques al banco
de trabajo
Pero
no puedo más que ser un hálito invisible… un pensamiento constante acompañándote
Y
no pido más que arrinconarme en tu corazón para iluminar el camino
Que
lejanos los remolinos de aquel diciembre en Barcelona y cuantos diciembres por
delante
El
crecimiento es una necesidad del espíritu y te vas diplomando al elevarte
La
huella esquiva el surco y el invierno se hace trabajoso… pero eso también se
hará recuerdo
Hay
otros senderos por delante que se van diseñando con algunos borrones y el
presentimiento de algún renunciamiento
pero
aún detrás de la neblina relumbra febo persistente y empeñado en nuevos e
interminables destinos
y
allí también espío en el espacio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario